La Trónica
Lunes, 25-abril-2011
Nunca he escrito sobre las conversaciones muy amistosas que tuve con Javier Egea, y antes y después de las dos entrevistas que le realicé, y que se concretizan en una para la televisión local granadina y la otra para un medio escrito de Granada. Pero ya es hora de escribir sobre estas dos largas charlas con un hombre libre y marxista. Y porque con escribir de ellas no rompo ningún secreto, ninguna promesa de no referir nunca nada sobre ellas y tampoco le soy desleal a Quisquete aireando lo que hablamos. Él habló más, y yo lo escuchaba. Escribir ahora sobre Javier Egea, se debe a la máxima alegría que siento por la publicación de “Poesía completa (volumen I)”, y con prólogo de Manuel Rico y Edición de José Luis Alcántara y Juan Antonio Hernández Bartleby. Ya era hora. Un gran regocijo. Y que sinuosos son los caminos de la literatura y de la poesía para los que no pasan la mano por el lomo a nadie y no son homosexuales, parece que tienen menos suerte al publicar en este país de mierda. Y en las dos largas charlas que tuve con Javier Egea, siempre primaron tres líneas fundamentales: La desesperación que él sentía por su titánica lucha contra el alcohol; su negada suerte o hado en el amor con las mujeres; y su no menos mal sino o ventura con la amistad y los amigos. Es venturoso conocer que existen hombres con convicciones políticas que no son objeto de mercantilismos. Javier Egea tenía un compromiso fehaciente con el marxismo y un rechazo a ese ruin y oportunista capitalismo chamarilero del que gozan autores de alto copete. Y qué gran suerte tuve. Es un orgullo para mí, haber entrevistado a Javier Egea tocado de su gorra, sus negros pantalones, su chaqueta de pana y las botas de puntera fina y tacón alto, y que eran tan inconfundibles en su geografía física. Y que enorme suerte poder releer toda su obra. Y que otros la lean por primera vez. ¡Salud!
