Relatos Iconoclastas (Asesinarse a sí mismo sin que parezca un crimen) (10)
Viernes, 10-febrero-2012
Asesinarse a sí mismo sin que parezca un crimen
10
Así su mano con cierto regocijo, y ella se desmayó. Cayó al suelo pesadamente. Se le puso el rostro de un color bastante ceniciento. Estaba como desmadejada. Noté que su mano era como un pequeño colchón con dedos gruesos de escaso tamaño. Nos acababa de presentar un amigo común. Ella iba a la última moda vestida con una falda corta muy linda de flores rojas con hojas azuladas sobre fondo blanco. Llevaba también un jersey muy grueso. Sus zapatos eran de tacones enormes. Los cabellos negros los llevaba sueltos. La boca pintada con carmín naranja. Estaba muy bella. Yo solo le había comentado sonriente, que estaba encantado de conocerla. Nos asustamos bastante los presentes. Se había meado en las bragas y sus orines se esparcían por el suelo. Entonces me percaté de que era mi ex mujer rejuvenecida y con un porte muy juvenil. Y mi amigo no salía de su asombro y sudaba.
Llamamos a Urgencias. Y llegó una ambulancia blanca y amarilla. El médico, a bote pronto, aseguró que la desmayada presentaba un cuadro que no era grave. Que le debía de haber afectado bastante una gran sorpresa o una emoción extrema. Que respiraba bien. Que su pulso era correcto Y que su ritmo cardiaco era alto, pero sin que se le fuese a presentar una parada cardiovascular o respiratoria.
Todos los presentes nos sosegamos. E incluso mi amigo sonrió tímidamente. Le vamos a dar agua y después un güisqui seco, dijo el médico. No es nada grave, se lo aseguro con toda rotundidad. Y ya verán ustedes como se recupera enseguida. Yo estaba muy serio y circunspecto. Veía a mi ex mujer allí tirada con cara cenicienta y meada en las bragas. Le dimos agua y abrió los ojos con un color de vidrio y desmesuradamente abiertos. ¡Tú!, me dijo con un hilo de voz. Sí, yo, le contesté. ¡Cabrón!, ¡Hijo de puta! ¡Canalla! Que me tuve que ir con otro hombre porque tú me amabas. ¡Cabrón!, y porque te llevaste el perro. ¡Hijo de puta!, y porque me dejaste la vivienda, los muebles, los dos coches, la herencia de tus padres y todo el dinero que teníamos en los bancos y cajas de ahorros. ¡Canalla!, y porque también te llevaste muchos libros, incluidos los que tú habías escrito. ¡Eres un miserable!, chillaba mi ex mujer. Y yo me volví invisible. Y mi amigo se puso verde, y comenzó a volar por encima de todos los presentes, incluida la ambulancia, el médico y una enfermera rubia bastante bella.
